martes, enero 31, 2006

La historia en general

No comparto la visión de que la historia tenga una misión social, la historia es una mentira social, como lo es la religión, y aquel que se opone a sus postulados oficiales se transforma en un traidor o en un hereje. Me conmueve la gente que recurre a la historia para indagar sobre la forma de ser de los humanos. Si quieren un consejo de este mísero no humano, no lo hagan. No encontrarán la respuesta en la historia. Los libros de historia hablan sobre reyes, países, colectividades sin rostro, dan datos, relatan las batallitas, la heroicidad de tal o cual asesino necesario, pero no hablan en realidad sobre los hombres, sobre sus miserias, sus ambiciones, su locura. En la Historia la sangre y la explotación se simplifica en conceptos, en valores dinásticos, nacionales, de ideas, de florituras que esconden la verdadera y chapucera verdad de unos pocos poderes e intereses muy concretos y conocidos que, milagros de la política, pocos libros explican. La Historia, con mayúsculas, tiene algo de religión. Precisa que haya un motivo, un fin, un propósito moral, la defensa, un destino, un algo de fatalismo inevitable también, y como no, de lucha contra la adversidad, pero que al final se reduce a una historia casi religiosa, maniquea, entre el bien y el mal. No hace falta que diga que nosotros, nos llamemos como nos llamemos, siempre somos los buenos. ¿Alguien ha encontrado alguna vez un libro de historia que empiece así?:

"Nosotros, los tal y pascual, descendemos de una pandilla de bandidos asesinos que acabó con la vida de la tribu Popoloqui, la Quiquiloco, la Caracatuca, y así, hasta un total de ciento cincuenta y ocho tribus masacradas por nuestros antepasados mediante el engaño, el envenenamiento, la explotación y la tortura, nos apoderamos de todo lo que era suyo, de sus casas, sus animales, sus sueños, sus vidas y las tumbas de sus antepasados. Y así destruimos sus campos, violamos a sus mujeres, talamos sus bosques, saqueamos sus tumbas, degollamos a los hombres, esclavizamos a sus hijos y creamos este desierto en el que vivimos ahora; por eso mismo somos tontos de capirote y cualquier nación con un mínimo de sentido común nos mea en la boca; nuestros dirigentes, son todos sin excepción posible unos ineptos holgazanes barrigudos que viven a nuestra costa sin hacer nada; nuestras leyes permiten la usura, la explotación y la opresión absoluta del hombre humilde a manos del que es poderoso; nuestros policías y militares son corruptos y con su brutalidad, para eso se les paga, consiguen la paz social necesaria para que nuestros dirigentes continúen estando donde están y el país siga siendo un nido de miseria para los pobres y un cajón de dinero sin fondo para los ricos".

No hace falta que contestar, no creo que nadie haya leído nunca jamás un libro de historia que empiece de esa manera. Y si existe, jamás, nunca, se enseñará en las escuelas. Este principio se puede aplicar al otro, al extranjero, a la entidad a demonizar, y se hace, pero nunca se enseñará contra ese "nosotros" imaginario que nos inocularon en el colegio.

Si alguien quiere saber cómo somos los humanos, los seres humanos, independientemente de su nacionalidad, religión o color, tendrás que leer libros de antropología moderna. No te los aconsejo porque se te caerá el alma a los pies, comenzarás a racionalizarlo todo, a encontrar sentido a todo, al comentario del vecino, a la sonrisa de ese niño, a las intenciones de aquel de allí, y todo, todo, a fuerza de ser racionalizable, te parecerá horrible; fruto de ese terrible gen egoísta que ganó la carrera espermática y que nos hace eso: egoístas al cien por cien.
Aunque cueste aceptarlo, somos así. No somos nada más. ¿Qué queremos? ¿No deseamos que nos quieran, que nos valoren, que nos hagan caso? ¿Cuando hacemos algo bien, no esperamos que se hable bien de nosotros, que se nos reconozca lo "buenos" que somos? En el más humilde de los casos: ¿no esperamos, secretamente, que a fuerza de sentirnos bien con nosotros mismo, tan realizados con nuestra supuesta "bondad", "sapiencia", "profesionalidad", todos nos vaya mejor? Y si alguna vez pensaste en morir por algo, ¿no imaginaste un algo tras de ti, un comentario positivo, un grato recuerdo, tal vez... como una estatua a los héroes patrióticos? Alguien dirá que no es exactamente así, que la familia, los amigos, etc., etc. No los leas, para los antropólogos la familia y los amigos son lo que le queda al hombre urbano moderno de la tribu primitiva, y en ese nivel el juego es diferente, pero tiene sus normas. Son normas muy racionales. Incluso la locura, que cosas, esconde ciertas normas racionales. En definitiva, lo dicho, para continuar siendo feliz hay que ser ignorante. Nunca dejéis de creer en la historia.

No hay comentarios.: