martes, enero 31, 2006

Soy un fascista

Soy un fascista.

Es una norma muy extendida entre los animales mamífero-bípedo-intelectualoides, sub-especie a la que tan apropiadamente representan todos los que creen entender de algo, llamar fascista al primero que se cruza por su camino sin soltar el: beeee, de la manada. Has iniciado una escaramuza estúpida, que por tu propia estuldicia, resulta que no tiene ningún sentido, ni ningún propósito, y por eso mismo el otro tiene que salirse por la tangente. "Eres un fascista, me lo dice mi bola mágica intelectualoide". Y digo yo: ¿todo lo de esta gente es igual de manido, de común, de previsible? ¿No tienen nada que no esté estandarizado? ¿A parte de los manifiestos, las pegatinas del Che y las caricaturas de lucha revolucionaria, que está bien que sea estandar y con copyreid, no tienen ningún sentimiento crítico? Es que, manito, yo ni siquiera tengo el sillón. Y mira que lo pienso cantidad de veces: "joer, que incómodo se está en esta puta silla de mierda". Pero nada, que por falta de sitio, de medios, y porque seguro me quedaba dormido, más cómodo que un santo del cielo, no tengo sillón. ¡Que desgracia más grande! Aunque eso sí, parece que si criticas ciertas cosas, como el Estatuto de Atonomía, eres un fascista.

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