martes, enero 31, 2006

Ni católicos, ni musulmanes, ni judíos.

Ni los católicos, ni los musulmanes, ni los judíos deberían poder adoptar hijos. Si dependiera de mi, prohibiría que tuvieran hijos propios. Es el único método que se me ocurre para que las pobres criaturas no acaben en alguna de estas sectas religiosas. Yo mismo tuve que padecer durante años un lavado de cerebro a manos de curas y monjas. El caso es que ellos no contaban con que yo no tenía cerebro alguno que ser lavado y gracias a esta característica física, de la que no me siento del todo responsable, debe ser algo genético porque mi padre era muy, pero que muy ateo, no así mi madre, que le gusta todo esto de la misa y los perifollos clericales, pues me he librado de pertenecer a la secta cristiana. Oficialmente no puedo decir lo mismo porque para evitar que a los futuros esclavos-ciudadanos nos crecieran cuernos y nos saliera un rabo en el culo, en aquella época se bautizaba absolutamente a toda larvas humana al poco de nacer, chof, chof, chof, en agua bendita de la garrafa vaticana, y te ponían un nombre egipcio o judío, de los que aparecen en la Biblia, que eran los únicos posibles conocidos y aceptados como legales por el Estado, y quedabas convertido para el resto de tus días en un ente Católico Apostólico y Romano. Si alguien quiere recoger firmas para la ilegalización de estas tres religiones por contrarias a los Derechos Humanos y la Constitución Española, que a poco que se piense, lo son, pueden contar con mi firma.

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